Escrito por : Ivette Soto lunes, 4 de enero de 2016



  Y arrancamos el 2016! Me siento feliz y agradecida por todas las bendiciones recibidas por parte de todos mis familiares y amigos. Esta navidad para mi a sido una muy especial, si bien no fue posible decorar mi hogar y adornarlo como hago otros años por atenuantes que no vienen al caso, aprendí que no hay mejor luz que la que ilumina tu corazón. Comencé mis fiestas navideñas un poco tristona y nostálgica, ya que es la última navidad que mi amada hija y yo pasaremos juntas por buen tiempo, pues ella parte a vivir nuevas aventuras a otros rumbos y yo quedo aquí haciendo la labor que me toca hasta que Dios diga que es hora de cambiar.

  Ningún cambio es fácil, todos ellos causan cierta resistencia pues no deseamos despegarnos de aquello que nos resulta cómodo y conocido, pero la realidad es que sin cambios no hay crecimiento, ni experiencias, ni recuerdos creados y todos necesitamos cambios para poder vivir una vida con propósito pues nada en el mundo, ni siquiera una hoja se mueve sin la voluntad de Dios.

   Una vez aceptado ésto en mi interior me dediqué a crear con mi hija momentos felices para que al menos disfrute a la mayor capacidad el tiempo que nos queda para estar juntas,no hemos podido salir mucho pues ella tiene un trabajo con un fecha límite importante que entregar pero hemos compartido pensamientos, experiencias, situaciones y nos hemos divertido mucho, creo que podría decir sin temor a equivocarme que nos hemos dedicado a conocernos más y mejor. Incluso en despedida de año decidimos (bueno, la realidad es que lo decidí yo, ella solo se dejó llevar)  hacer algo diferente y en vez de dormir como usualmente hacemos, nos quedamos levantadas a recibir juntas el 2016 y pasamos un tiempo muy divertido, leyendo nuestro pote de gratitud, jugando con los perros y haciendo morisquetas con la cámara.

  A veces a nosotras las madres nos cuesta separarnos de nuestros hijos pues estamos demasiados apegadas a ellos aduciendo el amor de madre,pero la realidad es que  nuestros hijos no nos pertenecen, les pertenecen a Dios y a la vida. El los envió a esta tierra con un propósito determinado que sólo ellos pueden cumplir y cuando nosotros interferimos en ese propósito por razones egocéntricas, solo estamos interponiéndonos en el plan perfecto de Dios para sus vidas. Es por eso  que aunque reconozco que el proceso de  separación es doloroso, también entiendo que es necesario y por eso visto mi mejor sonrisa, la animo cuando la veo dudar, la preparo y la bendigo, pongo todos sus planes en las manos de su creador y la cubro con ángeles a su derecha y a su izquierda, pues bien dice la Biblia que todo lo que pidamos al Padre en el nombre de su amado hijo el lo hará. Por tanto sabiéndola cubierta y protegida por la gracia divina, la dejo marchar para que realice sus propios sueños y viva sus propias experiencias y conozca del mundo hermoso que hay mas allá de las fronteras que nosotros mismos nos imponemos. 

  Doy gracias a Dios por el regalo que me dio de tener dos hijas muy valientes, que decidieron arriesgarse a buscar lo que ellas desean para sus vidas sin mirar atrás. Se necesita mucho valor para salir de lo conocido y seguro. Yo nunca lo tuve, pero gracias al padre ellas si lo tuvieron. Se que le espera un futuro maravilloso, en un país fantástico. Que aprenderá nuevas tradiciones, que desarrollará nuevas habilidades,aprenderá otro idioma, tal vez le cambie el acento, quizá algún día despierte con nostalgia y se sienta un poco triste, pero gracias a la tecnología podemos estar en una misma habitación en un mismo tiempo sin importar cuantos kilómetros de distancia nos separen, además también es una muy buena excusa para tomarme unas bien merecidas y deliciosas vacaciones.

  Soy feliz por ellas, por que son valientes y arriesgadas. Por que no se dejan llevar por el que dirán que solo se dedica a imponer miedos y limitaciones, porque se trazaron un objetivo y sacaron el coraje para ir por el. Soy una madre bendecida por que Dios me a dado dos hijas que me ayudaron a sacar lo mejor de mi en un momento dado y que ayudan a sacar lo mejor de la gente que las rodea siempre. 

  En el mundo jamás podrá haber una madre mas orgullosa y que admire tanto a sus hijas como lo hago yo. Soy mas que bendecida por haber sido premiada con dos seres tan especiales y tan talentosos. Mi bendición irá precediendo sus pasos, mis oraciones estarán rebosando en sus cabezas como aceite aromático, y la bendición de Dios estará cubriéndolas de norte a sur de este a oeste, de oriente a occidente todos los días de su vida aún si yo parto de esta tierra pues están bajo el abrigo del Altísimo.

  Dicen que no hay casualidades, que todo tiene una razón de ser, este no era el tema del cual yo iba a hablar en mi primera entrada del 2016 pero fue el tema que surgió cuando comencé a escribir por lo que entiendo que alguien que lea estas palabras debe estar pasando por un proceso similar y se le esta haciendo muy doloroso y necesita  leer ésto.

  Si te sientes identificada/o con lo que lees aquí, si te cuesta soltar, créeme que no hay mayor libertad que cuando aprendemos a desapegarnos de lo que no queremos que cambie. Es entonces cuando el velo se corre y ves las cosas desde otra perspectiva, tomas responsabilidad y entiendes que tu etapa actual acaba de terminar y que comienzas en un nuevo nivel, con nuevos retos y nuevas experiencias que jamás vas a poder experimentar si no te sueltas de aquello a lo que te estás agarrando tan desesperadamente por el temor al cambio. 

  Que tengas un bendecido 2016 y que Dios ilumine cada paso que des en tu caminar para que puedas cumplir el propósito por el cual fuiste creado. Sean bendencidos en amor!

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